Exposición Artística . 

Artistas: Alexandra Trujillo & Sofía de Vuyst Endara.

Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión. Sala Victor Mideros. 2019.

“Un hombre inteligente puede odiar su tiempo, pero sabe de todos modos que le pertenece irrevocablemente, sabe que no puede huir de su tiempo” – Giorgio Agamben (Del texto “Desnudez”) 

Este encuentro surge a partir de la necesidad de explorar el diálogo visual entre las dos artistas: Alexandra y Sofía. Partimos de una propuesta expositiva estable con puntos de relación conceptual para ir tensando los hilos de comunicación entre las obras. Los medios de experimentación que abarcamos en este diálogo artístico experimental son el arte pictórico, la instalación y el performance.

 

En la muestra hablamos sobre el acercamiento al chamanismo y la ayahuasca como planta sagrada y visionaria. La obra plantea un diálogo entre las formas orgánicas, la geometría y las visiones psicodélicas que aparecen en las ceremonias chamánicas. Así como el ruidismo, el caos y el encuentro con la sombra. La obra en general rescata el valor del chamanismo y la ancestralidad de los pueblos amazónicos que están directamente relacionados con la selva, la naturaleza, los sueños, las visiones, la vida y la muerte. Formas geométricas, orgánicas y símbolos: la serpiente, los mandalas, las formas orgánicas de la naturaleza; representando también los ciclos. En la práctica de la alquimia, el Uróboro (la serpiente que se muerde la cola) expresa la unidad de todas las cosas, los materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino que cambian de forma en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación, al igual que representa la infinitud. En la alquimia, el Uróboro simboliza la naturaleza circular de la obra del alquimista que une los opuestos: lo consciente y lo inconsciente. También es un símbolo de purificación, que representa los ciclos eternos de vida y muerte. 

 

Situamos nuestra contemporaneidad respecto al presente, reecontrándonos con los ciclos, pero también con la desconexión o el desfase, como diría Agamben: “Pertenece en verdad a su tiempo, es en verdad contemporáneo, aquel que no coincide a la perfección con este ni se adecua a sus pretensiones, y entonces en este sentido, es inactual; pero justamente por esto, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aferrar su tiempo”. Es así que situamos nuestra muestra en una no-coincidencia, una atemporalidad que huye de lo contemporáneo en busca de su entendimiento, pero que al mismo tiempo se aferra a él re interpretándose a través de su propio lenguaje.

 

“An intelligent man can hate his time, but he knows anyway that it belongs to him irrevocably, he knows that he cannot flee from his time” - Giorgio Agamben (From the text “Nudity”) This encounter arises from the need to explore the visual dialogue between the two artists: Alexandra and Sofía. We start from a stable exhibition proposal with points of conceptual relationship to tighten the communication threads between the works. The means of experimentation that we cover in this experimental artistic dialogue are pictorial art, installation and performance.

 

In the exhibition we talk about the approach to shamanism and ayahuasca as a sacred and visionary plant. The work poses a dialogue between organic forms, geometry and psychedelic visions that appear in shamanic ceremonies. As well as noise, chaos and the encounter with the shadow. The work in general rescues the value of shamanism and the ancestry of the Amazonian peoples that are directly related to the jungle, nature, dreams, visions, life and death. Geometric, organic shapes and symbols: the snake, the mandalas, the organic shapes of nature; also representing the cycles. In the practice of alchemy, the Uroboron (the serpent that bites its tail) expresses the unity of all things, material and spiritual, which never disappear but change shape in an eternal cycle of destruction and new creation, just like it represents infinity. In alchemy, the Uroboron symbolizes the circular nature of the alchemist's work that unites the opposites: the conscious and the unconscious. It is also a symbol of purification, representing the eternal cycles of life and death.

 

We situate our contemporaneity with respect to the present, reconnecting ourselves with cycles, but also with disconnection or lag, as Agamben would say: “It truly belongs to its time, it is truly contemporary, one that does not coincide perfectly with it nor is it adequate. to its claims, and then in this sense, it is inactive; but precisely because of this, from that distance and that anachronism, he is more capable than the others of perceiving and grasping his time ”. This is how we place our show in a non-coincidence, a timelessness that flees from the contemporary in search of its understanding, but at the same time clings to it, reinterpreting itself through its own language.